ÚLTIMAS REFLEXIONES

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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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miércoles, 1 de noviembre de 2017

CUMPLIMIENTOS Y LEYES

Se hacen leyes para cada cosa. El hombre, es verdad, las necesita, pero más como una motivación de disciplina y control que como verdadera solución vital a su misión salvífica y eterna. Porque, lo único importante es amar, y el amar empieza por reconocer y experimentar el Amor del único Dios, del que recargamos nuestro propio amor para proyectarlo en los demás.

Ambos son semejantes, pero el primero es el vital y el segundo es el reflejo del primero. Dicho de otra forma, sin el primero no se da el segundo, porque nuestra naturaleza humana, descolgada de la de Dios, queda sometida a nuestros egoísmos propios. Nunca podremos amarnos si, primero, no amamos a Dios. Luego, partiendo de Él podremos amarnos a nosotros mismos, aceptándonos tal como Él nos ha creado y creciendo, por la acción del Espíritu Santo, para amar al prójimo.

En esa mejoría, camino de perfección, se irá gestando nuestra conversión, y, su fruto, será esa transformación, por la Gracia de Dios, para capacitarnos a amar al prójimo con un amor semejante al Él. Por lo tanto, no es cuestión de desanimarnos, ni desesperarnos, ni, menos, tirar la toalla, porque nuestra conversión no es obra nuestra. Es el Señor, a través de su Espíritu, quien nos irá transformando y cambiando.

 Eso sí, necesita, como hizo su Madre, la Virgen María, que abramos nuestros corazones y nuestra disponibilidad total a la acción del Espíritu Santo, que será quien nos vaya cambiando y convirtiendo. Y notaremos el cambio. Experimentaremos como nuestro corazón será cada día más compasivo, comprensivo, humilde y generoso. Sí, porque el Espíritu de Dios lo puede todo y es Él quien hace su obra en cada uno de nosotros.

Por lo tanto, decía, no desesperemos y perseveremos en la confianza de que el Señor nos transformará y hará de nuestro corazón duro, egoísta e individualista, un corazón suave, bueno, disponible y generoso para, como Él, amar incondicionalmente a los demás.

lunes, 11 de septiembre de 2017

EFICACIA DE LA ORACIÓN . CAPÍTULO II

Lo de capítulo II obedece a que siempre los efectos de la oración no se ven cuando tú deseas o esperas. Siempre hay unos efectos que aparecen en el momento más inesperado o cuando menos lo piensas. Son mandatos del Señor y su tiempo no es nuestro tiempo, ni su momento, nuestros momentos. Dios actúa misteriosamente para nosotros y nunca entenderemos su hacer y deshacer.

Podemos reflejarnos en nuestro crecimiento e infancia. Cuantos momentos misteriosos e ininteligibles para nosotros con respecto a las órdenes y mandatos de nuestros padres. Recuerdo que nuestras ignorantes razones eran: "me lo ha dicho mi padre"; "me lo ha mandado mi madre". Eso lo explicaba todo y zanjaba toda duda o discusión. La pregunta que me viene en estos momentos a mi atribulada mente es: ¿Por qué dudamos tanto de nuestro verdadero Padre del Cielo? ¿Por qué ponemos en cuestión sus mandatos y sus órdenes y consejos? ¿Por qué los rechazamos con tanta autosuficiencia y soberbia?

¿Acaso somos nosotros más que Él? ¿Acaso somos nosotros lo suficiente sabios y poderosos para conducirnos por esta vida? ¿Acaso estamos tan dormidos y ciegos para no darnos cuenta de nuestra necedad y finitud? Son preguntas que bien vale una serena y pautada reflexión, porque en ella nos va lo más preciado que tenemos, y que buscamos conservar en gozo y felicidad, la vida.

Nada importa más que Dios. Él debe ser lo primero y quien debe guiarnos. A pesar de nuestras limitaciones y fracasos, y nuestras continuas decepciones respecto a responderle y obedecerle. Él es nuestro Señor y quien nos transformará y liberará. Él nos hará buenos y obedientes y nos convertirá en hombres nuevos, libres y eternamente felices. Creamos, pues en Él y dejémonos llevar por su Espíritu. Nos convertirá.

Pero, no pongamos trabas, no nos resistamos a su presencia y a su actuar en nosotros. Abramos nuestros corazones y postremos ante su Amor y Misericordia. El nos hará santos, sacerdotes y pueblo consagrado. Confiemos en la oración.

miércoles, 30 de agosto de 2017

LA EFICACIA DE LA ORACIÓN

Ignacio Echevarría
Hay muchos momentos en nuestra vida que dudamos de la eficacia de la oración. Y es que pedimos y no pasa nada. Sobre todo en esos momentos difíciles que la vida nos pone a prueba y nuestra identidad física corre serios peligros. Pedimos y queremos soluciones y respuestas inmediatas, y, además, las que nosotros hemos pesado o vemos.

¿No nos parece mucho esas exigencias? ¿Acaso no comprendemos que eso no sucede así, ni tampoco responde a la lógica humana? Pensemos en nuestra relación con los hijos, ¿le damos todo lo que nos piden? ¿O se lo damos tal y como ellos lo piden? Y si nosotros que somos limitados tratamos de responder a nuestros hijos de la mejor manera posible, ¿cómo Dios, Padre que lo puede todo, va a dejarnos en la estacada y a no respondernos y solucionar nuestro problemas?

Tengamos confianza y plena fe. Dios nos responde y nos dará lo que realmente necesitamos. Quizás, esa circunstancia que le ocurrió a ese joven, Ignacio Echevarría, en el atentado terrorista en Londres, fue, a pesar del dolor de su muerte, su salvación eterna. No es que Dios quisiera eso, sino que, ocurrido, porque así Ignacio se ofreció para salvar a esa joven, y encontró su dolor y su muerte, pero, lo más importante, su posible salvación. Porque, quien da la vida por otro, salva la suya.

Posiblemente, nadie lo hubiese conocido de otra forma. Recordemos la parábola del joven rico, nadie ha sabido quien es, sólo que se encontró con Jesús, habló con Él, pero no le respondió. Y nada le sucedió, hasta el punto de no ser conocido. Sin embargo, Ignacio respondió a esa necesidad de ayuda, y, aunque lo pagó con su muerte, yo, ahora mismo, con la Gracia del Espíritu Santo, me cambiaría por él.  Porque ha ganado la única y verdadera vida que interesa, la Vida Eterna.

La vida tiene muchos caminos y muchas vueltas, y sólo Dios sabe lo que nos puede pasar. Y, quizás, entiendo, que no lo cambia, sino que lo aprovecha para, buscando la verdad y la justicia, sea la salvación de muchos. Porque, todos aquellos que le buscan, le encontrarán. Y en eso, la oración tiene mucha importancia y eficacia. Siempre surte efecto, porque nos lo ha dicho el Señor:  "Pedid y se les dará; buscad y hallareis; tocad y se les abrirá" -Mt 7, 7-.

Por lo tanto, Dios no puede contradecirse, si pedimos, seremos escuchados y se nos dará. Quizás no como nosotros entendamos, queramos o esperamos, pero sí como quiere Dios, que es el que sabe y quiere salvarnos de verdad y para siempre.
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