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Salvador: mis vivencias e inquietudes

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martes, 9 de enero de 2018

EL ASOMBROSO Y DISPARATADO MUNDO EN EL QUE VIVIMOS

A veces me sobresalto a experimentar lo absurdo de este mundo. Vivimos de misterio en misterio sin percatarnos de sus presencias. Vemos nacer a las flores, crecer las semillas, oscurecerse el día y nacer la luz que nos alumbra sin pestañear ni percatarnos de lo insondable de cada misterio. ¿Por qué nacen las flores? ¿de dónde vienen? Nos respondemos de las semillas, pero, ¿y las semillas? ¿quien las ha hecho?

Vivimos en un mundo que nosotros hacemos absurdo. Absurdo con nuestra manera de pensar y de actuar. ¿Acaso se ha hecho a sí mismo el mundo? Sus leyes, ¿quienes las han puesto? Sabemos que los cuerpos suspendidos en el aire son arrastrados a la tierra. La ley de la gravedad, ¿pero, ¿quien ha hecho que eso sea así? Es decir, ¿de dónde nace esa fuerza y por qué para que los cuerpos sean atraídos a la tierra? ¿Por qué gravitan los planetas y se mantienen a distancia en equilibrio unos de otros?

Conocemos las respuestas y las leyes, pero, ¿quien las ha puesto? ¿Se han hecho a sí mismas? Sin embargo, nos levantamos cada día y vemos correr el agua, caer la lluvia y florecer la tierra de hierbas y árboles frutales. Y vuelve a oscurecerse el día, llega la noche y nos entra el sueño, y nos parece todo normal. Hasta pensamos que todo eso es normal y a lo que tenemos derecho. Incluso, llegamos a creer que nos pertenece y que la vida, el mundo siempre ha sido así.

Llega una y otra vez la Navidad, y la celebramos como nos parece. Volvemos a los regalos, a las fiestas y a tratar de vivir lo mejor que podemos, sin miramientos ni sensibilidades de como lo pasan otros. Creemos que el mundo nos pertenece y así lo vivimos. Oímos las voces de quienes proclaman que hay un Dios, hecho Niño que nace, y que ha venido para explicarnos de donde sale todo. Nos habla de un Padre Dios que nos quiere, que nos ha creado, que ha puesto el mundo en marcha y que quiere llevarnos al final con El.

Nos señala el camino, nos descubre quienes somos y nos propone una ley, el amor, para que este mundo empiece a ser reflejo del Amor de Dios. Un mundo donde reine la verdad, la justicia, la paz y el amor. Pero, nosotros seguimos a nuestro ritmo, embobados en ofertas temporales, caducas y pasajeras que no nos dan lo que realmente se esconde dentro de nuestro corazón. Esa felicidad plena y eterna. Necesitamos despertar.

sábado, 6 de enero de 2018

OBSERVANDO EL IR Y VENIR DE LA GENTE

Me senté a esperar a mi mujer. Habíamos encontrado aparcamiento y aproveché para, mientras mi mujer hacía unas diligencias, entrar en el centro comercial y sentarme a tomar un café. Había dejado mi blog de notas en el coche. Se trataba cosa de un momento y no había pensado tardar nada, ni tampoco tomarme un café. La idea surgió de repente.

Y sentado sentí la irresistible tentación de escribir lo que experimentaba dentro de mi corazón. Exultaba de paz y alegría. Una paz que no se manifestaba en saltos ni alaridos, sino de gozo contenido y de sentimientos de agradecimientos. Tomé una servilleta y me dispuse a dejar salir de mis dedos, agarrando mi bolígrafo, los signos semánticos que expresaban mis sentimientos y manifestaban mi gozo y agradecimiento.

Gracias, Señor, por tanta dicha. Dicha de saberme hijo tuyo y de ser aceptado y querido. Gracias por sentirme querido y querer. Gracias por estar abierto a darme y a dar, aunque la disponibilidad sea débil y sufra las flaquezas de la carne y los egoísmos. Gracias por la esperanza de saberme caminando, en tu presencia y por tu Gracia, hacia un mundo mejor.

Pronto, como había dicho, llegó mi mujer y se interrumpió los latidos de esa humilde y sencilla oración, Me sentí gozoso y descubrí que estaba allí impulsado por el Espíritu, pues, en principio, cuando mi mujer me dijo que la acompañara me había resistido. Acababa de llegar a casa y estaba cansado. Mi parte humana y egoísta deseaba comer algo y abandonarme a la siesta o descanso, pero una voz interior me dijo, debes acompañarla. Te necesita, pues es difícil encontrar aparcamiento y tú puedes ayudarle a dejar el coche mientras ella hace la gestión.

No pude resistir esa voz interior y me dije, Señor, esa es mi oración de hoy, facilitarle la labor a mi mujer y hacerle más fácil su gestión. Que posiblemente no era para su propio beneficio, sino para alguien de la familia. Y la recompensa de ese breve momento surgió al calor de un café. Y es que el Señor se manifiesta en cualquier instante cuando te das. Él siempre da más.

lunes, 25 de diciembre de 2017

MOMENTOS COMPLICADOS (DESDE MI PROPIA EXPERIENCIA)

En muchas ocasiones nos complicamos nosotros mismo la vida. Confundimos la fiesta con el lucimiento, con el quedar bien, y hasta, de manera soterrada y aparente humildad, sorprender y buscar lisonjas. Posiblemente no nos demos cuenta, y hasta sea eso motivo de discusiónes y enfrentamientos. El autoengaño está presente y distorsionamos la realidad siguiendo nuestras propias directrices.

El problema es que nuestra soberbia no nos deja ver. La fiesta deja de ser fiesta cuando nos desborda y nos roba la serenidad y la paz. La Navidad no se construye en la algarabía y en el ruido. Navidad significa paz, serenidad y esperanza, y eso se busca en la serena reflexión y en la sencillez del compartir desde lo que se es y se tiene. No es una fiesta de engalanamientos ni lucimientos, que alborota tu corazón, lo distrae y lo desvía de lo que verdaderamente se celebra. 

Es una fiesta de armonía y de descubrir tu pequeñez, tu humildad e impotencia de saberte hijo de Dios y salvado por su Amor Misericordioso. Todo lo que se salga de ahí, no me atrevo a decir que sea malo, pero no favorece nuestro encuentro con el Señor. Nacer significa despojo de todo aquello que molesta a la vida e impide que crezca y madure dentro de nosotros. Nacer es dejar paso a la verdadera Vida, que nunca más será interrumpida, porque está llamada y destinada a vivir en el Señor y junto a Él eternamente.

Nacer es favorecer el reinado de la paz haciendo que entre y more en tu corazón. Nacer es hacerle hueco al Rey de la Vida, que te la ha dado y la sostiene para toda la eternidad. Nacer es vaciar tu corazón de todo aquello que contamina, que te promete luz y gozo, pero que se apaga pronto y te deja vacío y en la oscuridad. Nacer es dejar que la Navidad alumbre tu corazón y no fabricarte luces y luces que alumbran una noche, pero que se apagan para las demás.

Pero, verdaderamente naces y te transformas en un hombre nuevo cuando eres capaz de soportar, ser paciente y sostenerte en la esperanza de confiar en Aquel que verdaderamente pide nacer en tu corazón y que sólo Él basta para todo lo demás. Porque, Él es el Camino, la Verdad y la Vida, y todo lo demás son añadiduras.
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